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¿Por qué sí perdonar una infidelidad?

¿Por qué sí perdonar una infidelidad?

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noviembre 13th, 2017

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Todos de alguna forma hemos tenido algo que ver con el tema de la infidelidad:
• como hijos de padres infieles
• como amantes de alguien casado
• como cómplices de un buen amigo
• como profesionales que trabajamos con el tema
• como “traidores” de un matrimonio de “cuento de hadas”
• como el desafortunado “traicionado”
• como testigos del drama que viven los de la cuadra de atrás .

Y en cualquier posición hemos tenido que evadir o enfrentar los dilemas emocionales, sociales y en ocasiones físicos que puede conllevar el asunto.

Las estadísticas en los países occidentales nos indican que entre el 60 a 80 % de los hombres y el 40 al 45% de las mujeres han sido infieles. Si bien el 95% de las parejas siguen casándose o comprometiéndose con el acuerdo –explícito o no- de mutua fidelidad, la realidad es algo diferente.

• Así, las infidelidades las cometemos personas comunes y corrientes: no todos los infieles son malas personas, o están enfermos o errados o son unos inmorales. Aún más, no todas las infidelidades se realizan por falta de amor.

• Pero el tema de la infidelidad se ha abordado comúnmente desde una perspectiva simplista, moralista y lineal: la explicación que suele dar cuenta de la existencia de un villano y una víctima.

• Se basa en parámetros morales de bondad y maldad, en una visión lineal del mundo donde toda causa tiene un efecto y en perspectivas puritanas donde la sexualidad es vista como sucia, vulgar, animal.

• Se ha estudiado mucho el tema del trauma y la traición, pero pocas veces se ha profundizado en la complejidad que incluyen los dilemas humanos individuales, las vicisitudes relacionables de las parejas y las características sociales del contexto.

• Visto de manera más abarcante se ha llegado a concluir que no todas las infidelidades tienen que ver con alguna patología, disfunción, problema, maldad, error de juicio, inmadurez o “mal paso”.

• Un hombre infiel es considerado como un adúltero, traidor, mentiroso, destructor de hogares, mujeriego sin valores; ¡y ya ni se diga una mujer –estandarte del amor y el cuidado al prójimo- en tal situación!; en un sistema patriarcal como el que vivimos, lo que al hombre se le “condona” a la mujer se le condena.

• Aún así, no deja de llamar la atención que otras conductas que implican actos de abuso económico, verbal, social, o hasta de violencia extrema generen menos perturbación que una relación extraconyugal; dichos actos son más fácilmente justificados entre las parejas, antes que pasar por alto una “traición”.

En general las infidelidades son dolorosas y traumáticas, pero no todas tienen la misma importancia. Es importante hacer distinciones pues existen diversos elementos que influyen en la magnitud del efecto que producen al ser descubiertas.

¿Cuándo no se puede perdonar?
• Cuando la relación de pareja ha sido de abuso permanente, mentiras y manipulaciones más allá de la infidelidad.
• Cuando la infidelidad es un hábito y ha sido de manera descuidada, recurrentes, descaradas, prepotente, lastimosa.
• Cuando hay una adicción al sexo no reconocida ni tratada.

• Inmadurez sostenida del infiel. La persona no tiene la capacidad de posponer la gratificación y tolerar la frustración. Búsqueda imparable y hedonista del placer.
• Cuando la infidelidad es la puerta de salida de una relación vacía y desgastada ante la dificultad de darla por terminada.
• Cuándo la persona lastimada NO PUEDE, PORQUE NO PUEDE. Las personas que están comprometidas en el propio crecimiento logran que el impacto de una infidelidad, sin dejar de ser doloroso, se maneje mejor. O se la va a cobrar eternamente.

¿Cuándo sí perdonar?
• Cuando el infiel tiene una claridad y consciencia de lo ocurrido, está dispuesto a trabajarlo.
• Cuando es un evento aislado y no un hábito permanente.
• Cuando surgen de necesidades personales no satisfechas que no ha atendido de manera particular: tareas de juventud no resueltas, necesidad de reafirmar la imagen erótica y corporal.
• Cuando aparece como un evento que permitió liberar ansiedad en etapas de adaptación critica: como en el nacimiento de un hijo, ante la muerte de un ser querido, o en el periodo de jubilación.
• Cuando son una señal clara de que la relación está en crisis y es momento de hacer algo diferente para renovarla e intentar permanecer: “lo que no se puede hablar, se termina por actuar”.

• Cuando el efecto de la misma, más allá del dolor, generó un equilibrio para la vida de pareja.
• Cuando es una transgresión ante un sometimiento no trabajado y ante un desequilibrio de poder.
• Cuando se entiende que no somos monógamos por naturaleza pero que elegimos pactar relaciones de exclusividad y gestionar el deseo sexual.
• Cuando el dilema incluye la inherente contradicción entre lo doméstico y lo erótico.
• Cuando hay intención y deseo de entender y reparar

Quizás todas estas situaciones de infidelidad, sin ser fáciles de asumir y transitar, dependiendo de su manejo y resolución, pueden ser situaciones de crisis pero también oportunidades de crecimiento personal y de pareja. Es decir, hay infidelidades que apuntan a la mejora y a la evolución.

¿Cómo perdonar?
• Las infidelidades no se olvidan, pero sí se pueden perdonar. Para lograrlo hay que entender que el perdón no es un evento sino un proceso: toma tiempo y se da aportando cosas nuevas y positivas a la relación. Perdonar es dar al otro y a uno mismo la posibilidad de cambiar y actualizar la relación.

 

• “Te quiero perdonar y recuperar la confianza. Trabajo para que aquello que pasó ya no me influya, pero como consecuencia lógica ocupas un segundo nivel de confianza. No sé si alguna vez estarás en el primero, lo deseo pero por ahora mantendré ciertas medidas de precaución que te serán evidentes: no abusivas, ni persecutorias, pero sí de cuidado para mi integridad emocional.

• Aunque también te aseguro que responderé a lo que hagas ahora y no a lo que hiciste entonces. Si noto algún prejuicio respecto a ti te lo haré saber para poder platicarlo”.

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